23 abril 2017

Eurodisney, parte 3

Previously in Lorz...
Eh jodío de ehplicar.

Voy a decir una cosa que me va a traer muchos problemas, pero no puedo ocultaros la verdad ni un minuto más:

soy la más normal de mi familia.

Ya está. Ya lo he dicho.

Mi familia tiene puñetitas de todos los modelos, pero la puñetita más general y compartida es la manía de la puntualidad.
Bueno, puntualidad. 
Ser puntual es llegar a la hora que toca.
Para mi familia ser puntual es llegar un cuarto de hora antes, media hora antes para ir con un poco de margen. De hecho, si vas una hora antes, mejor, que siempre te puede surgir cualquier imprevisto.
Cuando estamos por separado todavía somos capaces de disimular la tarita, pero cuando estamos juntos nos retroalimentamos y alcanzamos dimensiones épicas.
Por suerte, casi nunca estamos todos juntos.
Pero claro...


FLASHBACK...

-Todos, Lorz. Nos vamos a Eurodisney TODOS.

FLASHFORWARD...

La neurosis colectiva empezó varias semanas antes de la hora prevista de embarque, pero os voy ahorrar los detalles para que no tengáis pruebas contra nosotros el día que decidan internarnos en un centro especial. 
El vuelo salía a las 8:45 de la fruta mañana de un fruto sábado, y calculé que con salir de casa a las 6:00 era más que suficiente. Vaya, que el aeropuerto está a escasos 20 minutos de casa, y a esas horas ni hay tráfico ni nada, pero bueno, mi idea era llegar, pasar el control, y sentarme a dar tetica tranquilamente frente a la puerta de embarque.
Pero la víspera mi familia alcanzó el punto crítico.
Antes de nada, un poco de contexto.
Me había levando a las 6:00, había llevado a los niños al colegio y me había ido a trabajar. Llevaba toda la tarde intentando encajar el equipaje de cuatro personas (peor: de tres personas y un bebé) en una única maleta (spoiler: no lo conseguí), planchando cositas de última hora, intentando recordar si llevaba todo lo que necesitaba o no. Eran las nueve de la noche, no habíamos cenado, y los niños estaban que se subían por las paredes.
Y entonces mi madre llamó por teléfono.
-Filla -me dijo-, que llevo ya un rato sentada en el sofá con el abrigo puesto.
-¿Vas a montar una granja de pollos?
-No, es para irme ya al aeropuerto.
Jo. Me gustan los pollos.
-¿YA?
-Sí, es que tu hermano dice que deberíamos estar allí a las 6. Y claro, para estar allí a las 6 hay que salir de casa por lo menos a las 4, y para salir a las 4 yo tengo que levantarme por lo menos a la 1, y he pensado que mira, que ni me acuesto.
-Vale, ¿por qué llevas el abrigo puesto?
Que estamos a treinta grados, por el amor de dios.
-Porque he mirado la previsión del tiempo para los próximo diez días, y el martes va a refrescar.
-Claro. Bueno, rebobinemos un poco: ¿que mi hermano ha dicho QUÉ?
Hermano Mediano ha estado en Finlandia, Islandia, Japón y China, en esta última varias veces. Cualquiera diría que a estas alturas ya se habría acostumbrado a todo el tema de los horarios y los aeropuertos.
Sí, cualquiera lo diría.
Pero yo no.
-Que tenemos que estar allí por los menos dos horas antes del vuelo, y como el vuelo sale a las 8...
-¡El vuelo sale a las 8:45!
-Pero la hora de embarque es a las 8:15, así que tenemos que estar allí como mínimo a las 6 y claro, ¡es que es prácticamente hora de salir ya!
Lo primero que pensé es que mi madre se había vuelto loca de pronto. Luego me lo replanteé y me dije que bueno, igual tan de pronto no era.
Pero no se trataba de eso. A mí me daba pánico pensar que iba a pasar tres horas en el aeropuerto, con todo cerrado, nada que hacer, dos niños pequeños, mis padres, mis hermanos y ZaraJota drogado (esa historia para otro día...). Tenía que encontrar la forma de poner un poco de sensatez pero claro, la sensatez no es mi fuerte.
Por eso recurrí a una autoridad superior.
-Pero vamos a ver... ¿padre qué opina de todo esto?
-¿Tu padre? ¡Hace una semana que salió para el aeropuerto!

Estamos apañados.

continuará...

17 abril 2017

Eurodisney, parte 2

Previously in Lorz...
Cuando ahorremoh un poquillo-o-o.


La verdad es que mis padres no habían ahorrao un poquillo, como demuestra el hecho de que nos íbamos ocho personas, cuatro días, a pensión completa, a uno de los mejores hoteles, y que después no nos han dejado pagar ni un café.
Para ser justos, mi madre me dejó pagarle un café. 
1,35 €. 
Ahora que lo pienso, también quiso un croasán para acompañar. 
Otro 1,95 €
Es que mi madre siempre ha sido muy de abusar. 
Mi padre solo puso una condición.
-A mí darme de comer bien.
-Bueno, con el paquete que has contratado tenemos acceso a muy buenos restaurantes; la única pega es que hay que reservar con mucha antelación.
-Pues ocúpate tú, que entiendes de estas cosas.
Me quedé un poco perpleja. ¿De qué cosas? ¿De comer? ¿De restaurantes? ¿De reservar?
Pero bueno, ya que nos íbamos a Eurodisney totalmente por la cara tampoco me iba a negar a hacer unas llamadas.
El teléfono de reservas de Eurodisney te da la opción de atenderte en varios idiomas, entre ellos el castellano.
-Qué bien -pensé, pulsando la opción "castellano".
-Bon jour.
-La p*t*.
-Ah, ¿espagnol?
-Oui. Sí. Yo qué sé.
-Si pguefiegue le puedoo atendeg en espaniol.
-Sí, por favor. Quiero hacer una reserva para el restaurante de las princesas... eh... ¿le Auberge du Cendrillon?
-Oui. ¿Cuantas pegsonas?
-Seis adultos, una niña, un bebé.
-Ocho pegsonas. Paga senag está todo completo-o. Paga comeg tenemos hueco-o a las 11:30. Nada má-ás.
-¡Si queda más de un mes!
-Son muy populague-es, las pguinsesa-as. Espegue-e, tenemos otgo-o hueco a las 15:30.
Estimado dios, si existes, que le pase algo bueno a la familia que decidió anular su reserva en ese preciso momento. Gracias.
-¡Ese! ¡Me lo quedo! Es un poco tag... tarde pero me da igual.
-Es una hora muy espaniola para comeg, jijiji...
-Y queremos una tarta de cumpleaños.
-Pegfecto, ¿qué eda-ad tiene el niño-o?
-Um... sesenta.
-¡Pegfecto-o! Nos gustan los niño-os de todas las edade-es!

Me quedé tan contenta con mi reserva, pero pasados unos días volví a llamar.
No es porque tenga toc y haya llamado unas sesenta veces a confirmar que todo esté correcto, ¿eh?
Es que tardé un poco en cuadrar el planning.
Y además tengo toc.
Pero esta vez la llamada fue un poco diferente.
-Buenoh díah, soy Hosé Cal·los.
Hace poco he leído un libro que decía que el catalán es el único idioma europeo que utiliza la l geminada. Falso: el gaditano la usa continuamente.
-Eh... hola... ¿es el teléfono de reservas de Eurodisney?
-Claro, mujeh.
-Eh... Quiero hacer una reserva para Chez Rémy.
-¿Cuántoh soih?
-Seis adultos, una niña, un bebé.
-A mí dime los culoh que tengo que sentar.
-Eh... -yo no sabía que en Eurodisney se podía tener culo-, um... ocho.
-Ocho. Ehtoy viendo que tieneh una reserva pal Auberch du Sendrillón, con tarta de cumpleañoh.
-Sí.
Miarma.
-Pueh te cuento: aquí tieneh apuntao que quiereh la tarta de fresa y nata.
-Sí.
Albergaba la esperanza de que la nata fuera en realidad chantilly. Por las risas.
-Eh que ahora tenemos también la tarta del veintisinco aniversario.
-Ah, genial. Y ¿cómo es?
-Pueh la verdad, eh mu jodío de ehplicar.
Parece la tarta ideal para mi familia, sí.

continuará...



La jodía tarta. 

12 abril 2017

Eurodisney, parte 1

1992, antigua carretera nacional IV, en algún punto entre Sevilla y Córdoba. 
-Niñoh, ¿oh ha guhtado la Ehpo? -dijo mi padre, mirándonos de reojo mientras conducía.
-¡Sííííííííií!
-¿Dónde quereih que vayamoh la prósima veh?
-¡A URODIHNI!
-Bueno, eso-o-o cuando ahorremoh un poquillo-o-o.


2016, Madrid, en algún punto de Carabanchel. 
-El año que viene cumplo 60 -me dijo mi padre.
-¡GUAU!
-Impresiona, ¿eh?
-No, es que han abierto una tienda de galletas para perros, y quiero ver si doy el pego y me puedo comprar una. ¡GUAU, GUAU!
-... claro... Bueno, que estoy pensando en hacer algo especial. Pero "especial" de verdad, no especial como tú.
-Pues para los 60 no sé qué harás, pero para los 65 podíamos ir todos a Eurodisney.
Que 60 es una cifra muy redondita y muy mona y muy tal, pero el verdadero hito es cumplir 65, jubilarse (ja, ja) y a vivir la vida.
-Bueno -dijo mi padre-, eso-o-o cuando ahorremoh un poquillo-o-o.
O sea: que no.


2017, Madrid, en el mismo punto de Carabanchel que antes. Exactamente el mismo punto. Es que en mi familia somos un poco especiales con el tema de los asientos para comer y tal. 
-No hagáis planes para semana santa -dijo mi padre-, que nos vamos a Eurodisney.
Se me escapó la fanta por la nariz de la impresión.
-Mira -le dijo-, solo porque madre y tú os vayáis a Eurodisney no voy a quedarme yo sin salir, por mucho que vuestro gato sea idiota y le dé miedo quedarse solo en casa.
-Todos, Lorz. Nos vamos a Eurodisney TODOS.
Me quedé sin palabras. Y creedme, eso no pasa a menudo.
-No sé qué te sorprende tanto, Lorz, si fue idea tuya.
-¡Yo dije a los 65! ¡Que ahora me paso el día con la teta al viento y en Eurodisney hace mucho frío!
Coñoyá.
-¡Pero es que hemoh ahorrao un poquillo-o-o AHORA!
Así visto, ahora es un momento estupendo.


continuará...





23 marzo 2017

La dichosa merienda

Dos trabajos.
Dos niños.
Dos horas de transporte público diarias.
Pero lo que REALMENTE me impide actualizar con más frecuencia es que a pesar de tener mis dos cuentas de gmail perfectamente instaladas, hay días en que Google no reconoce la de lorzagirl@gmail.com y no hay manera de acceder al blog.


Estoy harta de las meriendas del colegio.
Ya está, ya lo he dicho.
Hay veces en las que pienso que nos quedan diez años de colegio con sus correspondientes meriendas y me entra una congojo existencial muy gordo.
Técnicamente, la culpa no es de la merienda.
Es decir, la merienda no tiene la culpa de que mi despertador suene a las 6:30, pero Bebé-kun se aferre a la teta hasta las 7:30, y luego tenga que hacer el desayuno, la merienda y mi tupper a toda prisa, con el niño todavía colgando del pecho y la niña negándose a colaborar.
Y desde luego, la merienda no tiene culpa de que después de todo el esfuerzo, Nena-chan no se la coma.
Y eso que lo he probado todo.
Incluido un aproximado millón de veces que he abierto la nevera en el último momento, he visto que no quedaba nada de fruta, y le he metido en la mochila un zumo (sí, con azúcar) y cuatro galletas (sí, con azúcar).
Ni el otro millón de veces aproximado que, en las mismas circunstancias, le he metido una gelatina de esas de chupar. 
Solo soy humana, y además no consigo que me funcione el giratiempos. 
Primero le compré unos tupper monísimos (de Frozen) y no se comía la merienda.
-Es que la mamá de Amiga-chan le pone la merienda en una bolsa de PLÁSTICO.
-¡Pero tu tupper mola más que una bolsa de plástico!
-¡Es que le pone una pinza ROSA! ¡Y le escribe COSAS!
Después de dirigirle mentalmente un par de apelativos a la madre de Amiga-chan, renuncié a los tuppers de Frozen. Pero Nena-chan seguía sin comerse la merienda.
-Es que el plátano estaba asqueroso ASQUEROSO -me dijo un día. Viendo el aspecto del plátano, tenía toda la pinta de que "alguien" se hubiera sentado encima.
-Es que la manzana me picaba en la boca -probablemente porque después de pasar ocho horas a una temperatura de 22 ºC en una bolsa de plástico había macerado hasta alcanzar estatus de sidra.
-Es que no queriba pera -eso es de vez en cuando, que tiene un día sincero.
Entonces empecé a ser creativa.
Le cortaba los sandwiches con un cortapastas de figuras.
Le ponía tomatitos cherry con queso picado.
Le hacía dibujos con rotulados en el plátano.
Por cierto, mala idea. Con el calor despinta. 
Le hacía bocaditos de galleta integral y queso de untar.
Y, el gran golpe maestro: volví a meterle la merienda en un tupper cuyo principal atractivo era... ¡pertenecer a su hermano!
Vivir para ver. 
Cada vez que introducía en el menú algo nuevo funcionaba un par de veces (no consecutivas) y luego volvíamos a las andadas.
-Nena-chan, no te has comido los tomatitos...
-Es que SIEMPRE me pones tomatitos y mis amigas disen que eso no puede ser.
Primero: una vez por semana no es siempre.
Segundo: nos espera una adolescencia terrible.
A la mañana siguiente le pregunté directamente qué quería merendar, porque total, toda resistencia es fútil.
-No lo sé.
-A ver, ¿qué te gusta?
-Lo que tú no me prepares.
-Sí, ya me voy dando cuenta.
Nena-chan se lo pensó un poco.
-Un día mi amiga trajió unos sereales con leche DENTRO. Yo QUIERO.
-Pero entonces te los habré preparado yo y ya nos los querrás, ¿no?*
-...
-Tengo una idea: como estoy casi segura de que la otra niña le pide a su mamá lo mismo que te hago yo a ti, vamos a seguir como hasta ahora y lo compartís.
-¡NOOOOOO! Yo quiero lo mío para mí. Pero que sea lo de ella.
Creo que a partir de ahora voy a optar por el robo organizado de meriendas.






*Efectivamente, cuando le compré los cereales no los quiso.








07 marzo 2017

Más caca. Lo siento. Es que los niños son en parte catalanes.

Hace unos días nos fuimos al pediatra porque hacía mucho que no íbamos Bebé-kun tenía fiebre y el pediatra lo miró por todos lados y nos dijo:
-Este niño está con gripe.
-Ay, pobre, la gripe ahora...
-No, no, ahora no. La semana pasada, está acabando ya. ¿No habéis notado nada?
Y ZaraJota y yo nos miramos en plan somos lo peor, pero yo qué quieres que le haga si el niño no ha tenido ni fiebre ni tos ni un triste moco hasta hoy.
-¿Y no ha tenido diarrea? Este año la gripe viene con diarrea.
Pues podía venir con un cromo de regalo, francamente te lo digo, que tendría más éxito y la gente lo llevaría mejor.
-Pues no.
-Bueno, se habrá librado. Pues nada, está estupendo, vente un día de estos que le ponemos la vacuna de los 18 meses.
Y eso hice. Un par de días más tarde cogí al chiquillo y le dije a ZaraJota que me iba a que lo vacunaran.
-No me llevo ni el bolso de los arreitos, es un momento y estaremos aquí a lado.
Bebé-kun tiene tendencia al estreñimiento, que es una caca (obsérvese el brillante juego de palabras) pero tiene la ventaja de que puedes salir de paseo alegremente con un paquete de toallitas y un pañal acartonado que lleva en mi bolso ni se sabe el tiempo, porque total, ya sabemos que caca, lo que se dice caca, no va a hacer.
Íbamos de camino a la consulta de la enfermera cuando nos cruzamos con el pediatra, y claro, Bebé-kun lo vio y tuvo como un flashback.

"Este año la gripe viene con diarrea... ea... ea..."

Y me dijo:
-Oh-oh.
Y sonó "PPPPPRRRRROPOPOPOPÓ".

Y entonces LO OLÍ.

Me gustaría poder decir que Bebé-kun se había hecho caca, pero aquello no era una caca: era una m**rd* con todas sus letras.
Y en qué cantidades.
Le rebosó por encima del pañal y empapó, líquida y calentita, el body y la camiseta.
Menos mal que le había quitado el abrigo.
Le rebosó por debajo del pañal y chorreó pantalón abajo.
Y luego empapó los calcetines. Y llenó los zapatos. Y empezó a rebosar los zapatos.
Ay.
Llamé a ZaraJota.
-¿Puedes venir al ambulatorio con una muda para Bebé-kun y tres botes de ambientador?
-Acabo de meter a Nena-chan en la bañera.
-¿Eso es que sí o que no?
-Dame quince minutos.
-¿ESO ES QUE SÍ O QUE NO?
Bebé-kun, felizmente aliviado de su angustia interior, correteaba por el ambulatorio dejando estela. Era como un incensario humano, solo que no olía a incienso.
(Olía a caca. Por si os habéis perdido en mi trepidante ritmo narrativo)
Cuando se sentó en el suelo se oyó "chof" y al levantarse dejó una distintiva marca de humedad.
(Un charco de caca, vaya)
No podíamos esperar quince minutos.
Me lo llevé al cambiador y lo desnudé.
Ay, ay, ay.
Tenía caca aproximadamente desde el sobaco hasta las uñas de los pies. La cabeza se había salvado. Bueno, se salvó hasta que se la tocó con la mano llena de caca.
La sudadera también estaba relativamente bien. Bueno, lo estaba hasta que Bebé-kun la pisó con el pie lleno de caca.
Ay, ay, ay...
Os voy a ahorrar los detalles.
Con mucha dificultad (y caca) limpié al niño, le puse el pañal acartonado que llevaba, lo envolví en mi camisa (agradezco a mi oficina que siempre haga tanto frío y me obligue a llevar tres camisetas interiores) y lo dejé en el carrito, junto a la puerta del cuarto cambiador. Volví a entrar y lo limpié todo lo mejor que pude.
Cuando salí, Bebé-kun se había quitado mi camisa y la había tirado al suelo. La criatura estaba en el carrito en todo su esplendor, sonriendo en topless como un pequeño Buda de percentil 3.
-¡Bebé-kun!
Le eché por encima la camisa y la volvió a tirar y al final pensé que a la m**rd* (exactamente) todo, que total, en ese ambulatorio hace siempre muchísimo calor.
Cruzamos la sala de espera, Bebé-kun saludando como en una carroza de samba y yo evitando cuidadosamente el contacto visual con los demás pacientes, y de pronto va una viej... anciana y me dice:
-Pero mujer, ¿cómo llevas al niño así? ¡Que se va a resfriar!
Debe ser la madurez, porque en vez de mandarla a la m**rd* verbalmente la mandé a la m**d* olfativamente, pasándole bien cerquita con el carro.
Me acababa de sentar delante de la consulta de la enfermera cuando salió y nos llamó.
-¡Aquí estamos! -le dije mientras se me escapaban los lagrimones de la emoción.
La enfermera nos miró a los dos. Sobre todo al chiquito.
-¿Ya le has quitado la ropa? Pues sí que tienes ganas de que lo vacune.
Es que somos unos cagaprisas.







Jajaja, me mondo yo sola. 

28 febrero 2017

Carnaval

Educar niños frikis es un deporte de riesgo, aunque uno muy satisfactorio, eso sí.
Cada vez que Nena-chan ve una camiseta/póster/muñeco/lo que sea de Darth Vader y se pone a gritar "¡MIRA, MAMÁ! ¡ES EL PAPÁ DE LA PRINSESA!" se nos caen los lagrimones, y no solo por el pedazo de spoiler, también por el orgullo paterno desaforao que nos entra.
Y cuando se pone el disfraz de Epiriman y va por la calle agitándole a la gente la manita con el índice y el meñique levantados, además de temer por nuestra integridad física, nos llenamos de orgullo y satisfacción.
Tiene sus desventajas, sin embargo.
Por ejemplo, los otros niños del colegio no entienden ni una palabra de lo que la chiquilla les cuenta, lo que en el fondo es un alivio, no digo yo que no. Por ejemplo:
-Mamá-á, hoy le he disido a mis amigos del cole de mayores que mis papás son marionetas que salen por la tele y cantan.
Ay, ay, ay...
-¿Y qué te han disi... dicho?
-Que es MENTIRA.
Alabado sea el señor.
Otras veces, en cambio, nos sale peor.
-Mamá-á, le he disido a mis amigos del cole de mayores que hemos ido al CARNAVAL.
-Muy bien, muy bien.
-Y que yo me he disfrasao de Lerigó...
-De ELSA...
-Y mi hermano de Yoga...
-De YODA
-Y mi mamá de ruja.
-De BRUJA.
-Y mi papá...
-Ay, ay, ay, dime que no lo has dicho...
-Mi papá se ha disfrasao de PAPÁ PRINSESA.
-Iba de jedi.
-¡Como papá prinsesa!
Ay, ay, ay... No me lo puedo creer...
Que sí, que es verdad que a veces ZaraJota se pone mi ropa interior. "Por accidente", según él. Pero no quiero ni imaginar lo que habrán pensado en el colegio cuando hayan oído lo de "papá prinsesa". En Darth Vader seguro que no.
-¿Y qué te han dicho? -le pregunté.
-Que eso no puede ser...
-Ay...
-Porque si mi papá se viste de prinsesa, mi mamá se tiene que vestir de prínsipe.
Visto así tiene su lógica.

13 febrero 2017

La crisis de los cuarenta

Mis amigas están empezando a cumplir cuarenta años y eso me preocupa porque empiezo a pensar que es algo que le puede pasar a cualquiera, incluso a mí.
En la familia de mi madre cumplir cuarenta se consideraba un hito importante y se celebraba con una fiesta sorpresa.
Bueno, "sorpresa".
La primera fue sorpresa, la segunda fue sorpresa, la tercera ya empezaba a oler y para la cuarta pues mira, como que se veía venir.
Después ya perdimos un poco el interés, pero no porque las fiestas no fueran sorpresa, sino porque tenemos una capacidad de concentración muy limitadita.
A mis amigas por suerte no les ha dado por el temita sorpresivo, pero fiesta sí.
La última fue el sábado pasado y yo lo tenía ya todo previsto:
10:00 piscina con Bebé-kun.
12:00 piscina con Nena-chan.
14:00 llevar a los niños en casa de los abuelos.
15:00 comer o jugar al parchís con ZaraJota, preferentemente lo segundo, que engorda menos.
17:00 ir al cine a ver La la land, que resulta que sí es una película de verdad, y no que os hubierais puesto todos de acuerdo para reíros de mí.
20:00 cenar usando las dos manos.
22:00 cumpleaños.
22:05 gran regocijo.

Es que soñar es gratis.

El viernes Bebé-kun amaneció ardiendo de fiebre, pero ardiendo en plan mira yo apago la calefacción que el niño gasta menos luz.
Nena-chan solo tenía decimitas, pero se le había puesto esa cara mustia de vete preparando un viaje a urgencias y sacando el bajo de los pantalones que se me van a quedar cortos en una noche.
Y, lo que es peor, de pronto empezó a hacer eso que ella llama "gomitar". Os evitaré los detalles. Baste decir que las camas con dosel no son TAN buena idea como parece.
-Mañana yo me quedo con los niños y tú te vas a la fiesta -me dijo ZaraJota con mucha abnegación.
-Tú lo que quieres es quedarte viendo Netflix.
-Sí, pero con mucha abnegación.
La que de verdad estaba abnegada era mi madre.
-¿CÓMO QUE NO ME TRAES A LOS NIÑOS?
Bueno, "abnegada". Es un decir.
Nena-chan se pasó la noche gomitando por doquier, y ya de madrugada se durmió un par de horas, solo para despertar al grito de "¡mamá, tengo HAMBRE! ¿Me vas a dar el sisiyuno o qué, hombrepordios?".
-Creo que ya está mejor -le dije a mi madre por teléfono.
-Si está mejor se puede venir a casa y así tú te vas al cumpleaños.
-Da igual, ZaraJota se va a quedar en casa con Bebé-kun.
-Ya, pero si me traigo a la niña estará más tranquilo.
-Bueno, supongo que...
No había terminado de hablar cuando oí el helicóptero acercarse a nuestro edificio. Del helicóptero cayó una cuerda y mi madre, vestida de camuflaje pero monísima, se descolgó por la fachada, atravesó la ventana de la terraza en medio de una lluvia de cristales, agarró a Nena-chan y después se lanzó al vacío.
ZaraJota y yo las vimos alejarse, colgando del helicóptero. Con lo que llovía.
-Yo no sé para qué le hemos dado llave a tu madre -me dijo ZaraJota mientras barría los cristales-, con lo que le gusta entrar rompiendo cosas.
Bebé-kun seguía con mucha fiebre y yo me fui al cumpleaños con mucha penita. Y mira que me hacía ilusión ir, pero de pronto estaba como flojita.
Estuve en el cumpleaños apenas un par de horas, pero volví hecha polvo.
-Solo me he tomado una Fanta y encima me ha sentado mal. Debe ser un corte de digestión.
Y entonces empecé a gomitar como si no hubiera un mañana. Por todos los orificios. Os ahorraré los detalles. Baste decir que si lo llego a saber no habría fregado el baño el día de antes. Ni los cinco años anteriores.
ZaraJota me miraba en plan "ya te dije yo que los garbanzos con Nutella no eran buena idea" así como sintiéndose muy superior, y de pronto puso mala cara y salió corriendo al baño, y entonces nos dimos cuenta de que los garbanzos con Nutella no habían sido mala idea (la duda ofende) y que aquello no era una intoxicación sino un virus, y no un virus mortal sino algo mucho peor: UN VIRUS DE COLEGIO.
Las horas siguientes fueron un continuo expulsar fluidos intercalado con peleas a muerte por usar nuestro único baño.
Os ahorraré los detalles. Una imagen vale más que mil palabras.
Gasto de papel higiénico
 per capita disparado. 

A media mañana nos rendimos y le pedimos a mi madre que se llevara también a Bebé-kun.
-Pero usa la puerta, por lo que más quieras, que nos sales carísima.
Mi madre se llevó a Bebé-kun (por la puerta). ZaraJota y yo dibujamos un círculo de tiza (rosa) en el suelo, tiramos dentro una navaja y nos dispusimos a pelear por el siguiente turno en el baño.
Esa noche, con el sistema digestivo más vacío que un arca municipal, estábamos tumbados en la cama y pensando en la eutanasia cuando ZaraJota se volvió hacia mí.
-Lorz -me dijo-. Ya no te gusto. Llevamos prácticamente todo el día en la cama y no hemos jugado al parchís ni una sola vez.
Pues eso va a ser la crisis de los cuarenta, ya verás.