11 diciembre 2017

Diente por diente, 3 y ya

Previously in Lorz...
Olvidad el chupito. Pasemos a inyectarnos morfina directamente. 

Bueno, sigo sin poder contestar a los comentarios, así que os cuento:
el problema de que se piquen los dientes de leche es que pueden pasarle la caries a los dientes definitivos, aunque no hayan salido todavía. Y esto pasa porque los dientes definitivos están por ahí, escondidos, lo que bien pensado da mucho repelús.
Además, los dientes de Bebé-kun se estaban llenando de caries a toda velocidad, tanto que el primer dentista que lo vio nos dijo que los molares "tenían caries pero podían esperar", y el tercero que había que hacer los molares cuanto antes, y aunque no nos hubieran dicho nada, en cuestión de días los dientes delanteros estaban desapareciendo.
Estábamos muy agobiados. Y un poco hartos.
Jo, que una caries no es un problema TAN grave.
¿Cómo podía complicarse todo tanto?
¿Por qué Bebé-kun se pasa la vida de médico en médico, si realmente nunca ha tenido nada serio?
¿Seré yo? Por supuesto que soy yo. ¿Lo estaré haciendo mal? Por supuesto que lo estoy haciendo todo mal. ¿Dudé en algún momento del embarazo de si lo quería y este es mi castigo? Obviamente. Pero, ¿por qué tiene que sufrir el niño? Para que la culpa me corroa. Como la caries. Ay, ay... ¡la caries de Bebé-kun es una metáfora!
Así estaba yo, más al borde de la locura de lo que ya es habitual, cuando llegó Patch, que es como una navaja suiza (ocupa poco y sirve para todo) y nos recomendó una clínica (donde nos atendieron fenomenal, aunque al final no se ocuparon de Bebé-kun. Uy, spoilers).
El único problema que tiene es que está en Valdemoro y como sabéis no tenemos coche, así que bueno, en realidad el problema lo tenemos nosotros por vivir la vida al límite y haber hecho del metro nuestro único dios.
-No pasa nada -le dije a ZaraJota-. He hackeado la web de la empresa donde trabaja mi padre y he conseguido descargarme sus horarios.
-¿No hubiera sido más fácil, no sé, eh, así como teoría loca, preguntárselo a él directamente?
-No creas que no lo he intentado.

----Flashback----
-Padre, ¿trabajas el próximo martes?
-¿El martes? Espera, ¿en qué cae? ¿Doce? ¿Trece? No, el trece es jueves. Entonces el próximo martes cae en jueves... ¿O era miércoles? A ver: si el martes cae es miércoles, es que estamos en Bélgica...
----Flashforward----

-Entiendo. ¿Y si le preguntas directamente si te puede dejar el coche?
-Peor.

 ----Flashback----
-Padre, ¿nos prestas el coche?
-¿El coche? ¿Y eso? ¿Dónde vais? ¿Al médico? ¿Con el niño? ¿El niño está enfermo? ¡¡¡QUE ALGUIEN LLAME A UNA AMBULANCIA, EL NIETÍSIMO NECESITA UN MÉDICO!!!
----Flashforward----

-Entonces, ¿dices que has hackeado la web y...?
-He descubierto que libra el próximo jueves y por tanto no necesita el coche. Después me he descolgado desde la azotea y me he colado en su casa por la ventana del dormitorio para coger las llaves del coche, que he sustituido por una morcilla de Burgos para que no sospechen nada. 
-Pero seguramente se darán cuenta de que el coche ya no está donde lo dejaron. 
-No te preocupes: he dejado otra morcilla de Burgos en el hueco. 
Que hay que pensar en todo. 
Una vez asegurado el transporte, tuvimos que cuadrar los horarios, en este caso con la guardería. 
Una vez más lo tenía todo pensado. 
-A las 10:00 el helicóptero aterrizará en la azotea... -le expliqué a la seño. 
-Ahí están los tendederos, Lorz.  
-...yo me descolgaré y entraré por la ventana...
-Tenemos rejas, Lorz.
-...agarraré al niño de los pelos...
-Acabas de raparlo al uno, Lorz.
-...y me lo llevaré al dentista...
-¿Dentista? ¿Vas al dentista? 
-Eh... sí. 
-Hay uno a dos manzanas buenísimo. Están especializados en peques. 
Menos mal que guardé el ticket de compra del helicóptero. 


Fin. 






Venga, un epílogo. 
Pues sí, había un dentista pediátrico relativamente cerca de casa, y en mi defensa alegaré que lleva poco tiempo en funcionamiento y había pasado desapercibido a mi radar de madre intensita. 
Bebé-kun ya lleva dos empastes, uno de ellos con pulpotomía (también llamado "matar el nervio"), si todo va bien, esta semana le harán el resto así, del tirón. 
Aparte de que ahora cada vez que ve una bata blanca se tapa la boca con las dos manos, no parece que el niño tenga secuelas graves.  
Las intervenciones no han durado más de veinte minutos cada una, y no ha sido necesario ni anestesia general, ni sedación, ni atarlo a la cama, ni ninguna de las otras barbaridades que nos habían propuesto, solo un poco más de paciencia de lo normal. 
Gracias a todos por vuestro interés. 

04 diciembre 2017

Diente por diente, 2

Previously in Lorz...
Chupito.


La dentista nos dijo que no podía atender a Bebé-kun y nos remitió a una clínica que según ella atendía este tipo de casos.
En la clínica nos dijeron que sí, que claro, pero que necesitábamos un volante de nuestro pediatra.
El pediatra se negó.
-Este niño no tiene caries.
-¿Y ese agujero negro y enorme que se abre en la muela como el vórtice hacia el abismo qué es?
-Un portal interdimensional.
-Ya.
-¿Pero no ves lo feliz que está? -nos dijo la pediatra por enésima vez en la vida de Bebé-kun-. Si un niño está contento es que está sano.
Claro, porque todo el mundo sabe que los niños con cáncer o enfermedades crónicas no se ríen nunca, sino que están todo el día amoinados para que se les note bien y dar pena.
-Bueno, ¿nos puede dar el volante para la clínica y nos aseguramos?
-No. Pero si vas a mostrador y pides cita para el dentista yo no te lo puedo impedir.
Pedimos cita.
Dos semanas más tarde llegué al dentista y me senté en la sala de espera, y Bebé-kun me vio sentada y lo interpretó como una batseñal para enchufarse a la teta.
El dentista salió para llamarnos, me vio con la teta al viento y se le puso esa mueca de tetofóbico que las madres lactantes vemos tanto.
No es pudor. No es asco. Es un "le voy a decir a esta cuatro verdades que se va a enterar".
El dentista inspeccionó a Bebé-kun sin mucho interés.
-Pues sí, tiene alguna caries.
-Ya.
-Eso es porque le das el pecho.
-¿Perdón?
-A partir del año no se les puede dar el pecho porque les provoca caries.
Además es así, automático: como le des teta a las 00:01 del día de su primer cumpleaños ya está j*d*d* para siempre. 
-¿PERDÓN?
-La leche materna tiene mucha azúcar, por eso es mejor quitársela cuanto antes.
Claro. Claaaro.
-¿Y qué podemos hacer?
-A mí no me pregunte, yo aquí no atiendo estos casos.
-¿Y no me puede al menos hacer un informe, una nota, lo que sea, para el pediatra? ¿Diciendo que SÍ tiene caries?
-Te puedo dar el nombre de un colutorio con flúor apuntado en un post-it.
-Tendrá que valer.
Salí y llamé a la clínica.
-Pues es que si no tienes una nota del pediatra no te podemos atender.
-¡Es que el pediatra se niega!
-¿Y el especialista que lo lleva?
-¿Que le lleva el qué?
-La discapacidad.
-Eh... mi hijo no tiene ninguna discapacidad.
-Ah, es que aquí tratamos a niños con discapacidad.
-Pero... Ha sido mi dentista el que me mandó aquí... Hemos hablado por teléfono media docena de veces... Llevo un mes intentando conseguir el volante del pediatra...
-Tendría que habernos dicho antes que el niño no tiene ninguna discapacidad.
Cómo no se me habrá ocurrido a mí.


Continuará...

27 noviembre 2017

Diente por diente, 1

La piscina nos está sentando fenomenal.
Sobre todo a mí: es el único rato que paso cerca de Bebé-kun sin que se me enganche a la ubre.
No es que no lo intente, lo que pasa es que mi bañador deportivo se me queda un poco repegao y no consigue bajármelo.
Bueno, alguna vez lo ha conseguido, pero como no llevo gafas no lo veo y me da igual.
A lo que iba.
Estaba en la piscina sujetando a Bebé-kun por los deditos para que flotara libremente envuelto en unas treinta toneladas de porexpán y de pronto se me escurrió, entró en pánico, empezó a aletear y me soltó, presuntamente sin querer, una bofetada que me dejó tonta.
Más tonta.
Le debió parecer la monda y empezó a reírse con toda la boca abierta, y entonces dije uy, me parece que este niño tiene una caries, y ya os podéis imaginar cómo sería aquello si lo vi sin gafas ni nada aunque tengo seis dioptrías y a medio metro no le distinguía ni la cara.
Entonces nos fuimos al dentista.
A uno privado, obviamente, porque como es lógico en el siglo XXI la salud dental depende de que te la puedas pagar.
(Otro día hablamos de las gafas.)
El dentista le echó un vistazo a la boca de Bebé-kun.
Un vistazo rápido.
Muy rápido.
Y eso que Bebé-kun en cuanto lo sujetamos de pies y manos entre tres adultos empezó a cooperar por completo.
-Pues sí, tiene caries -nos dijo el dentista.
-¿Muchas?
-No, mujer, muchas no. Una en cada diente, nada más.
-¿QUEEEEEE?
-Tiene incluso en los molares que le acaban de salir, es fascinante...
-¿Y por qué puede ser?
-Bueno, esto es lo que pasa cuando se abusa del biberón. 
-¿Perdone usted?
-La leche artificial contiene muchos azúcares que favorecen la caries. La leche materna, en cambio...
Ahí ya me entró la risa floja, y ZaraJota empezó a darme patadas por lo bajini, y Nena-chan que por supuesto estaba en medio de todo el fregao empezó a preguntar "papá, ¿por qué le estás pegando a mamá otra vez?" y no me quedó más remedio que darle explicaciones al dentista.
-El niño ha tenido lactancia materna exclusiva.
Exclusivamente j*d*d*, por concretar más.
-Uy, pues eso sí que es raro. ¿Ha tenido algún problema digestivo?
"Algún", dice...
-Sí.
-Pues puede ser que no esté absorbiendo bien el calcio.
Le lancé a #bebekun una mirada furibunda.
"Mira, nene", le dije mentalmente, "si vas a estar enganchado a la teta full power lo mínimo que puedes hacer, LO MÍNIMO, es absorber como dios manda".
Pero a Bebé-kun la mirada furibunda le dio exactamente igual.
-¿Y qué podemos hacer?
-Pues habría que empastar, lo que pasa es que aquí no lo podemos hacer porque habría que anestesiar y no podemos porque no llega al peso.
Bueno, yo tampoco llego al último estante de la cocina y me anestesian sin problemas.

Continuará...

20 noviembre 2017

Atención, noticias breves

Interrumpimos la transmisión durante un par de semanas porque #cosas.
#Cosas buenas, de las que se leen.
Sin zombis.
Será por una buena causa, ya lo veréis. 

13 noviembre 2017

El ratoncito Pérez

Llevamos un mes con los dientes que nos os podéis imaginar, ni falta que os hace porque os lo pienso contar con detalle en cuanto le encuentre la p*t* gracia.
Mientras tanto y para esta historia, solo necesitáis saber que el dentista le echó un vistazo a la boca de Nena-chan y nos dijo:
-A esta niña se le mueven los dientes.
Lo que no se le mueva a esta niña, pensé, porque la nena nos ha salido un poco inquieta y hasta dormida da saltos en la cama, y yo no tengo nada en contra de los saltos en la cama, pero es que duerme en la litera de arriba y cualquier día se va a estampar contra el techo, y lo acabamos de pintar.
-Mira -insistió el dentista.
Y le dio un meneo a los incisivos inferiores que aquello se bamboleaba como palmera agitada por el viento.
-¡ARG!
-No se preocupe -me dijo el dentista, que es que no me conoce todavía-. Esto va para largo. Seis meses o un año, calculo.
Exactamente dos semanas más tarde llegué a casa y Nena-chan se me echó encima.
-¡Miramamásemehacaídoundientemiramamámiramamá!
Y abrió la boca y, cierto es, donde antes había un diente, ahora había un hueco.
-Ay, ay, ¿cómo te lo has hecho? -le pregunté, porque las cosas como son: desde que empezó el colegio hemos tenido labio partido (dos veces), ceja partida (una), lengua hinchada (una), ojos morados (he perdido la cuenta, el último esa misma semana, con derrame incluido), arañazos y moratones (ni siquiera empecé la cuenta, porque para qué), y una piedra en nariz (no preguntéis), que de verdad a veces pienso que en ese colegio la enfermera está porque tiene que estar, pero el hielo solo lo hacen por mi hija.
-Se he me ha caído solo.
-¿Después de darte un trompazo con...?
-Con la mesa, pero el diente no se me ha caído por eso.
Lentamente la verdad penetró en mi cerebro: a Nena-chan se le ha caído un diente por causas naturales.
Se me escapó una lagrimita.
¿Cómo era posible?
En lo que a mí respecta, le salieron prácticamente ayer (¿o eso era a Bebé-kun?). No le han durado nada: debe ser por la obsolescencia programada.
Nena-chan me dio el diente envuelto en una servilleta de papel y yo flipé infinito porque no lo hubiera perdido, teniendo en cuenta que todos los días pierde las gomas para el pelo y las lleva atadas a la cabeza.
Pero claro, si pierdes la goma no pasa nada mientras que el diente lo necesitas para...
-¡Vamos a ponerlo debajo de la almohada para que venga el ratoncito Pérez!
Restos humanos en la cama y un ratón corriendo por la casa mientras dormimos: para que luego digan que la maternidad no es emocionante.
Le busqué a Nena-chan una cajita, metimos el diente dentro y luego la cajita en la funda de la almohada, en la esquina superior derecha, que es un dato que se me quedó grabado sin razón aparente, no es porque pensara utilizarlo luego para nada ni nada de eso, ¿eh? Que vosotros sois mucho de sospechar.
Y después nos metimos en la cama: Nena-chan en la litera de arriba y yo en la de abajo.*
A los cinco minutos Nena-chan estaba durmiendo a pierna suelta.
Qué manera de roncar, oigan.
Ni esperar despierta al ratoncito Pérez ni leches.
Mientras tanto, yo no conseguía conciliar el sueño. No paraba de pensar en el ratón. La litera de abajo está a ras de suelo para que Bebé-kun no se esmorre en el hipotético caso de que algún día se decida a dormir ahí, pero tiene el inconveniente de ser muy ratón friendly, creo.
La verdad es que no tengo mucha experiencia con ratones.
Cuando vivíamos en el pueblo, el gato solía cazar ratones y traérmelos a la cama. Siempre pensé que era porque me quería mucho (cada uno se consuela como puede), pero luego leí en algún lado que cuando un gato hace eso es porque te considera débil y te está enseñando a cazar para que aprendas a valerte por ti mismo.
Encima de guarro, hijoputa, el gato.
Luego me acordé de que tenía otra experiencia con ratones en abundancia: una vez una señora ratona en estado de buena esperanza se hizo el nido en uno de los colchones del cortijo.
Era un colchón de gomaespuma y no se usaba mucho, las cosas como son.
La buena ratona debía estar a sus anchas. Lo que pasa es que entonces a la abuela se le ocurrió que era buen momento para poner en práctica esa bonita costumbre doméstica de darle la vuelta al colchón para que no coja forma, que digo yo que qué más le daría, si alguna forma hay que tener y allí no dormía nunca nadie.
Total, que le dice a mi padre que le ayude a darle la vuelta al colchón y de pronto empezaron a salir ratones por todas partes, y empezaron a correr por todas partes, y nosotras empezamos a correr por todas partes también, y mi padre empezó a decirnos pero qué hacéis, estaros quietas que los vais a pisar y yo con la sangre me mareo.
Resumiendo: se lió parda. O mejor dicho, se lió gris. Gris ratón.
En la litera de abajo, yo no paraba de pensar en la ratona que hizo el nido y en el ratoncito Pérez entrando en casa y lo cerca que estaba yo del suelo y no es que sea aprensiva ni nada pero así como a media noche me abracé a un zapato y tomé la firme resolución de estamparlo contra lo primero que viera moverse cerca de mí, y de quedarme despierta toda la noche si hacía falta.
No pegué ojo.**
No hubo movimiento en toda la noche, pero, al amanecer, empecé a oír ruidos en la litera de arriba.
Crujiditos.
Agarré el zapato con más fuerza y esperé.
-Mamá -oí al poco-, hay algo debajo de mi almohada.
Pues si es gris, blandito y peludo no cuentes conmigo para mirar. 










*ZaraJota y yo llevamos un mes durmiendo en camas separadas, incluso en habitaciones separadas: él con Bebé-kun y yo con Nena-chan. Si se os ocurre una forma mejor de destetar al lechoncillo de mi hijo soy toda oídos.
**Por una vez voy a reconocer que todo esto es mentira: en realidad no podía dormir porque estaba emocionadísima y no quería perderme el momento en que Nena-chan descubriera el regalito que el ratoncito Pérez le había puesto debajo de la almohada.

06 noviembre 2017

Villamatojo

Lo he dicho en Twitter, lo he dicho en Facebook, lo he dicho en Instagram... el único sitio en el que no se me ha ocurrido decirlo es aquí, y lo mismo debería.
Pues nada, que este verano estaba en el pueblo y en una de esas noches en las que el puro cansancio no me dejaba dormir me volví toda loca y escribí un cuento.
Sí, del tirón. 
Sí, en una sola noche. 
Sí, me había dado mucho el sol en la cabeza. 
Y ya que lo tenía y no sabía qué hacer con él lo subí a Amazon en formato ebook.
No, no está en otras plataformas. 
No, no voy a hacer versión impresa.
No, esto no le ha quitado tiempo a la segunda parte del #Lorzfunding porque cuando lo escribí no tenía ordenador a mano y dejadme que os diga, sin relación con lo anterior, que escribir con boli sobre papel higiénico no es tan fácil como podría parecer. 


Se llama Villamatojo, y no es ni de reírse ni de pasarlo bien ni nada, sino de mucho sufrir y de perder la fe en la raza humana y eso.
Además hay zombis aunque dentro del cuento no los llaman así porque lo de zombi suena muy glamuroso y en plena Extremadura como que no me pegaba.
Lo mejor que puedo decir de él es que al menos es breve y si os animáis a leerlo no sufriréis mucho tiempo.
Eso y que a mi madre le ha gustado, aunque también es cierto que se dio un golpe en la cabeza cuando era pequeña y desde entonces no ha vuelto a ser la misma.
Pues eso, que avisados estáis.

El primito nuevo

Me han hecho un sobrino.
Bueno, en realidad resobrino, porque no es hijo de ninguno de mis hermanos, no os preocupéis.
Ni llaméis a Control de Plagas.
Lo que pasa es que a falta de familiares más cercanos, un resobrino hace la misma ilusión... o más.
Por lo del Control de Plagas y eso. 
En cuanto recibí la noticia corrí a contárselo a Nena-chan, que está muy necesitada de niños a su alrededor.
-¡Mira, Nena-chan! ¡Un primito!
-¿Qué primito es ese?
-Uno nuevo.
-¿Y cuántos años tiene?
-Eh... ninguno.
Nena-chan respiró aliviada. En primaria el estatus se define por la edad, y un niño con cero años no supone ningún tipo de competencia para una niña de cinco.
-Ah. ¿Y cuándo es su cumpleaños?
No vaya a ser que se ponga a cumplir años ahora locamente y le tome delantera, ¿eh? Que las nuevas generaciones vienen pisando fuerte.
-Pues... bueno, hoy.
-Entonces, ¿ya tiene un año?
-Eh... no, eso no funciona exactamente así...
-¿Entonces cuántos cumple?
-Ninguno, porque ha nacido hoy.
-¡Entonces es su cumpleaños!
Si lo sé no se lo digo, pensé después de que la conversación acabara en berrinche porque al parecer no me entero NUNCA de NADA.
Al día siguiente, de camino al colegio, nos encontramos con varias de sus amiguitas, y a Nena-chan le faltó tiempo para contar la noticia.
-¡Tengo un primo NUEVO!
-¿Y cuántos años tiene?
No vaya a venir ahora un primo de seis años y nos hunda la jerarquía.
-No lo sé -contestó Nena-chan-. Acaba de nacer y todavía no le he podido preguntar.


30 octubre 2017

Halloween 2017

La vieja y malvada bruja salió una noche a dar un paseo. 
Era la noche perfecta: caía a chorros una lluvia helada y el viento, intenso y demencial, hacía inútil el uso del paraguas. 
La bruja avanzó trastabillando, unas veces hundiéndose en el barro hasta las rodillas, otras, desgarrando sus maltrechas ropas entre las zarzas. 
Zarandeada por la furia de los elementos, de pronto sintió algo en donde creía que tenía el pecho.
Es que hacía mucho tiempo que no miraba. 
¿Qué era aquello? 
Podría ser... ¿felicidad? 
Y entonces se colocó en cuclillas, y puso un huevo. 
¡Oh...!
Era la primera vez que le pasaba algo así, y se quedó bastante pasmada.
Después de observarlo con la boca  abierta durante unos minutos lo recogió con cuidado y se lo llevó a su cabaña, dónde lo observó con la boca abierta durante varios minutos más. 
¡Había puesto un huevo! 
Con él todavía en la mano, rebuscó entre los cajones de la cocina hasta dar con una espátula: hacía más de diez años que no se quitaba la blusa para nada, e iba a necesitar ayuda para separársela del cuerpo. Cuando lo consiguió, se puso el huevo donde, ahora sí, sabía que estaba su pecho y volvió a colocarse la blusa, tapándolo con una actitud que podría, en determinadas circunstancias y siendo muy optimista, parecerse al amor. 
Lo llevó ahí durante meses y meses y meses y meses y meses y meses y meses; tantos que la blusa había vuelto a fusionarse en roña con su piel. Prácticamente se había olvidado de él cuando una mañana se oyó un crack, y apareció una cabecita entre los pliegues acartonados de la tela. 
¡Un dragoncito! 
La bruja se puso muy contenta. No era su primer dragón (ya había tenido mascotas antes), pero si era la primera vez que tenía uno de un huevo propio. 
La bruja lo tomó en brazos, emitió un sonido parecido al de una bisagra oxidada, que pretendía ser un arrullo, y se dispuso a cuidarlo con todo el mimo posible, dadas las circunstancias de su chispeante personalidad: lo alimentó con gusarapos del pantano, le tejió ropita de esparto y alambre, lo bañó con ácido de batería, lo acostó entre sábanas de lija y le cantó todo el heavy metal que recordaba de su juventud, allá por 1123. 
Digámoslo ya sin rodeos: la bruja estaba chocha con su dragoncito. Le parecía que no había ser más perfecto sobre la faz de la tierra salvo, quizá, la rata topo desnuda, cuya existencia la bruja envidiaba secretamente. Bien pensado, la rata topo desnuda era un ser subterráneo, así que sí: su dragoncito era sin duda el ser más perfecto sobre la faz de la tierra. 
El dragoncito no parecía descontento con la bruja, pobrecito mío. Una tarde, mientras estaban jugando a saltar en la cama mientras hacían malabares con cuchillos, el dragoncito clavó en la bruja sus ojos vidriosos y dijo del tirón sus primeras palabras. 
-Te quiero mucho, mamá. 
La bruja dejó de saltar, impresionada. 
Quizá el maldito bicho no fuera tan perfecto, después de todo.